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martes, 16 de febrero de 2016

Mi novela Cuerpo y Alma, ya a la venta!

Hola a todos! Hoy tengo una sorpresa gigaaanteee! Por fin ya esta a la venta mi novela Cuerpo y Alma. Después de mucho pensar sobre como hacerlo y dado que es realmente complicado 

Hola a todos! Hoy tengo una sorpresa gigaaanteee! Por fin ya esta a la venta mi novela Cuerpo y Alma.

Después de mucho pensar sobre como hacerlo y dado que es realmente complicado publicar de manos de una editorial, he decidido aventurarme con la autopublicación.

Ya está disponible en Amazon por solo 2,99 €

A continuación os dejo un pequeño resumen sobre el libro y el link

Deseo con todas mis fuerzas que os guste y que lo disfrutéis, que deis vuestra opinión y que contactéis conmigo si queréis en el correo diarioeternodeunjovenescritor@gmail.com
Y en mi otro blog:
www.diarioeternodeunjovenescritor.wordpress.com

“En muchas ocasiones en nuestra vida, ocurren cosas inesperadas… Descubres que nada es lo que parece. Que vivimos en una absurda mentira en la que nos vemos envueltos para protegernos.

Pero tarde o temprano la mentira es descubierta y llega el momento de enfrentarse a la realidad…

Ángel sólo tiene 18 años, una vida fuera del orfanato. Solo frente al mundo.

Por si fuera poco, la muerte de sus padres no ha sido un accidente como él pensaba, detrás hay mucho más…

Una historia alumbrada bajo la luz cálida de Salamanca, de sus leyendas, de sus calles… Una historia de venganzas, de amores, de ilusiones y desilusiones, de verdades ocultas, sombras y fantasía…

Dicen, que las leyendas son sólo leyendas. Que la realidad no es siempre creíble, pero eso no la hace menos real.

Solo recuerda: nada es imposible…”

http://www.amazon.es/gp/product/B01BSSNRZW?*Version*=1&*entries*=0




miércoles, 7 de octubre de 2015

Reír, sonreír, disfrutar y ser feliz.

Hay veces que no nos damos cuenta de que la vida pasa. Nos centramos en cada uno de nuestros problemas tan a fondo, que acaban consumiéndonos poco a poco y para cuando nos damos cuenta de lo que dejamos atrás, sin ni siquiera mirar, acupados con nuestros inacabables e incluso aparentemente irresolubles problemas, es demasiado tarde. 
Lo pensamos, y todos llegamos a la misma conclusión: "es cierto me preocupo demasiado, no vivo la vida disfrutando cada minuto como debiera. Pero... ¿que puedo hacer?, ¡no puedo evitarlo!" . Ese es nuestro gran problema, por encima de todos aquellos que ya hemos asumido como parte de nuestra  vida y que nos "exprimimos" el cerebro para intentar solucionar.
Nos centramos en como encontrar trabajo en un país en crisis, nos centramos en aprobar todo con matrículas, aunque pueda ser un objetivo demasiado exigente; nos centramos en correr todos los días hacia el bus que vemos asomarse por la avenida de la que aún estamos lejos y cuando llegamos y es tarde, nos enfadamos.  Nos centramos en no llegar tarde al trabajo, al colegio, a una comida familiar, ¡a todo! ¡Absolutamente todo!, presos de esa rutina que nos controla constantemente y de la que parecemos no poder deshacernos a pesar de los múltiples intentos de huida.
La sociedad en la que vivimos, nos conduce a todo esto y es cierto que para poder tener una familia no hace falta más que amor, pero para poder mantenerla, hace falta una casa, para tener una casa dinero. Para tener dinero hace falta trabajar y por ello mismo nos desvivimos en solucionar todos los problemas que acarrean el deseo más importante: tener una familia y ser feliz.
Pero si seguimos dándole tantísima importancia a todos esos problemas, solo conseguiremos enfadamos con nosotros mismos, con el mundo y con nuestra familia, y lograremos no ser felices.
Se lo difícil que es, todos lo sabemos, soy totalmente consciente de que aunque lo intentemos no llegamos a deshacernos totalmente de los problemas que nos invaden y que cuando arreglamos unos, surgen otros. Pero hay uno en esencia que tenemos abandonado y que es realmente importante. Los problemas pueden esperar un minuto, una hora, un día. Tendremos que seguir buscando la forma de arreglarlos, pero pueden esperar. Antes, dediquémonos, aunque sea solamente un minuto, una hora, un día para hacer lo que realmente vale la pena, para lo que realmente estamos aquí: para reír, sonreír, disfrutar y ser feliz.

lunes, 5 de octubre de 2015

Querido futuro:

Tú que algún día crearás grandes cosas, que vivirás grandes momentos, que generarás historia, que en un futuro alguien aprenderá. Déjame ser tu guía, déjame enseñarte, déjame aprender de ti. Dame la oportunidad de proporcionarte sabiduría, a cambio, yo me  conformaré con tu sonrisa.
Déjame darte la mano para caminar, déjame abrocharte, al principio, los cordones de los zapatos y después enseñarte a ser tú quien lo haga. Déjame enseñarte como coger ese lapicero con el que escribirás historias que plasmarán tu imaginación.  Déjame dibujar contigo, cantar canciones  mientras tocamos las palmas todos a una. Déjame darte la oportunidad de admirarme y ser tu modelo a seguir.  Déjame enseñarte a ganar y sobre todo a saber perder,  a dar la cara por tus ideales y luchar sin parar para lograr hacer realidad tus sueños.
Porque si tú me dejas seré una pequeña parte de ti, seré ese modelo a seguir, seré un hombro donde llorar cuando lo necesites, un bastón donde apoyarte, una compañía con la que muchas cosas compartirás, seré tu maestra. Y tú mi ilusión, un sueño hecho realidad.

jueves, 1 de octubre de 2015

TENERTE

Tenerte es...

Perderte para encontrarte, amarte hasta odiarte, besarte para no olvidarte, sentirte sólo con pensarte. Observarte hasta borrarte, contemplarte sin mirarte y sujetarte para después soltarte.

Amarte para apreciarte, ayudarte para agradecerte. Abrazarte  para protegerte  y escucharte para entenderte.  
 
Tenerte es soñarte y echarte de menos.  Despertarse y recordar todos los momentos, tantos malos como buenos y  valorarte cada día aún más.                              

Es divertirte hasta aburrirte, hacerte reír, y también poder llorar.

Conquistarte hasta obtenerte y saber que nunca te irás.
Tenerte a ti  es vivir en los contrarios, es ser capaz de  elegirte a ti entre varios.

Complacerte sin prometerte, cumplir, construir y hacerte sonreír...

martes, 21 de julio de 2015

El duende de Zaragoza: segunda parte



Durante los días siguientes me siento de todo menos protegida. Revisan cada uno de los más diminutos y  recónditos  lugares del edificio, cortan los cables de la radio  y registran cada casa. Pero nada absolutamente nada consiguieron encontrar.
Tuvimos que abandonar la casa,  y el edificio quedo totalmente vigilado las veinticuatro horas del día. Se nos prohibió el acceso  hasta próximo aviso. Nada más salir por la puerta pudimos escuchar una vez más la voz de ultratumba retumbar por las paredes de los pasillos, “adiós, adiós…”
Por una vez pensé que podría dormir tranquila aquella noche, lejos de esa voz que me hacia temblar descontroladamente y que me desvelaba. Pero fueron a buscarme. Pensaban que yo tenía algo que ver con lo ocurrido, los forenses me examinaron, me interrogaron y les escuche decir que consideraban la posibilidad de que fuera víctima de una ventriloquia inconsciente. Poco tiempo después lo descartaron y pude respirar tranquila. Poco a poco la información sobre el suceso fue siendo cada vez más escasa, solo muy de vez en cuando se oía a alguien contar alguna novedad. También es cierto que no siempre todo lo que llegaba a mis oídos era cierto, de hecho en muchas ocasiones se trataba de mentiras de magnitudes desproporcionadas incluso para este tema tan particular, sin duda paranormal.
Escuché incluso que llegó al periódico Time y me resultó bastante sorprendente.
Llegó noviembre y con él novedades, tras días sin volverse a escuchar la voz de ultratumba, ésta decidió volver a las andadas gritando “he vuelto, ¡cobardes!, ¡cobardes!” los guardias se quedaron sin aliento y no volvieron a entrar en el edificio hasta que apareció una médium que creía conocer la forma de acabar con el misterio. La mujer se concentró en contactar con el fantasma, pero sufrió un colapso, surgió de su boca un susurro con voz varonil y murió.
Jamás logró averiguarse de dónde exactamente  procedía, con el tiempo dejó de escucharse y los curiosos que se acercaron durante meses fueron reduciéndose considerablemente.
Para mi esta historia un tanto tétrica ha tenido un significado especial, ya que me tocó de cerca.  No hay zaragozano que no haya hecho eco de este  siniestro acontecimiento.

En la actualidad el edificio ha cambiado su nombre y se llama "Duende",  ¿seguirá dando la bienvenida a los visitantes hoy en día?

viernes, 10 de julio de 2015

El duende de Zaragoza: primera parte.




El sol, tímido, aún no se atreve a asomarse a lo lejos, Zaragoza duerme una fría noche de septiembre y yo trato de no despertarme y continuar inmersa en mi sueño. Parecía una noche más, una noche tranquila en la que los conflictos que nos acercan a una guerra civil parecen calmarse e incluso desaparecer. Me equivoqué, no fue una noche más; fue el inicio de una pesadilla de la que pensé que no despertaría jamás.

Una risa siniestra hace estremecerme, siento como todo mi cuerpo se ve envuelto en un  escalofrío y me incorporo en la cama asustada, son las seis y media de la mañana y oigo como la señora Isabel se levanta y corre por el pasillo. No es la única, nuestros vecinos también lo han oído  e imagino que sus caras se asemejan a la que yo misma debo de tener.

Después de revisar completamente el inmueble, no encontramos nada, las risas cesan y todos decidimos volver a nuestras casas, escondernos bajo las sábanas  y convencernos de que solo fue un sueño. Lo intento, pero, soy incapaz de dormir de nuevo.



Por la mañana, mientras sirvo el desayuno, todos permanecen callados, evitan el tema aunque en el fondo  quieren hablar de ello. Se resisten.

Hago mis labores habituales empezando por las camas y continúo con el resto de la casa. Mi dispongo a entrar en la cocina y limpiar el hornillo, cuando oigo quejidos: “¡Ay, ay!” dejo de limpiar y no vuelvo a oír una queja hasta que cojo de nuevo el estropajo… “¡Me haces daño!”, intento averiguar de donde procede la voz, pero no lo consigo. Cojo un vaso de la alacena, me acerco al grifo y lo lleno de agua a la mitad, doy un trago. “María, ven…” Me estremezco al escuchar en un susurro de nuevo y agarro el vaso con mayor fuerza para evitar que acabe hecho añicos en el suelo.

Apago las luces dispuesta salir de allí lo más rápido posible. “Luz, que no veo”. No consigo evitar un nuevo estremecimiento, corro hacia el comedor donde la señora Isabel cose  sentada en su butaca. Le cuento lo ocurrido y por un instante veo en su cara la incredulidad y la extrañeza, se levanta y me acompaña a la cocina. Nada mas entrar la voz vuelve a retumbar por toda la cocina: “Me haces daño…”

-Pascuala, ¿cuánto tiempo llevas escuchando esto?- la señora Isabel me mira asustada y me cuesta responder. Nuestras respiraciones entrecortadas se ven interrumpidas por una risa lo suficientemente poderosa como para hacernos sentir pequeñas.

-Hace un momento, la escuché, se quejaba mientras estaba limpiando el hornillo. Me gritó que le estaba haciendo daño como ahora. No sé que es señora.

-Voy a llamar a la policía.- la señora sale de la cocina y yo la sigo, lo que menos me apetece es estar sola allí.
                                           +++++++++++
Por Juan Hernández
                                           

miércoles, 8 de julio de 2015

A día de hoy la cantidad de misterios y leyendas con las que cuenta nuestra sociedad son inumerables, pero no suelen ser contadas en primera persona. Siempre me han gustado los misterios  e investigar sobre ellos, descubrir hasta donde puede llegar el ser humano y los límites de lo paranormal.
Viajar hasta esos recónditos lugares donde se esconden fantasmas, duendes y caballeros que vagan sin rumbo fijo. 
La lectura de estos sucesos es lo que nos permite acercarnos más a sentir lo que sintieron los protagonistas de todas las historias. ¿Por qué no convertirnos en protagonistas aunque solo sea en nuestra imaginación?


jueves, 14 de agosto de 2014

A ti…





Te echo de menos, a cada instante. En cada uno de los amaneceres que contemplo despierto, asomado a la ventana. Esperando que al girarme sigas ahí, dormida abrazada a la almohada como hacías siempre.
Echo de menos cada mañana en la que me despertabas con un susurro y un mar de caricias…
Contemplo el despertador por milésima vez, deseando que llegue la hora de levantarme, de tener algo en lo que concentrarme  y mantenerme ocupado. Me levanto descalzo y me arrastro hasta el baño. Prefiero no mirarme siquiera al espejo, tengo miedo de ver una vez más ese vacío tras de mí y no sentirte corriendo de un lado para otro, arreglándote para ir a trabajar. Me lavo la cara y me mojo la nuca intentando dejar la mente en blanco, pero al levantar la vista estoy solo. Bajo mis ojos unas grandes manchas grises me delatan, la falta de horas de sueño es imposible de ocultar.
Salgo del baño y recorro el estrecho pasillo, sigue sin pintar. Te lo prometí, esa misma semana; te dije que lo pintaría como tú querías, color limón. Te recordaba al sol y pensabas que hasta los días más oscuros serían soleados con ese color. Hoy mismo la compraré y cumpliré  mi promesa.
Entro en la habitación, el techo cubierto de estrellas débilmente lo ilumina. Me acerco a la cuna y no puedo evitar recordar la noche en vela que pasé intentando montarla. Desesperado por no entender instrucciones que ni el más genio de los ingenieros comprendería.
Y allí está nuestra pequeña, acurrucada junto a un peluche que abulta más que ella.
 Podría estar horas mirándola, viéndola soñar en su diminuto mundo. Los ojos se me cierran constantemente, pero basta una sola fracción de segundo para pensar las consecuencias de alcanzar el sueño, y abrirlos de nuevo.
El tiempo pasa y por más que me esfuerzo me cuesta un mundo sacarte de mi cabeza, y cuando creo que lo he conseguido me encuentro de nuevo recordándote.
Las palabras del doctor en cada visita médica se agolpan en mi mente: “embarazo de riesgo”, “peligro para el bebé y  para la madre”, todavía al pensarlas noto tu mano apretando la mía y siento el miedo que inundaba tus ojos.
Los primeros meses fueron difíciles y a pesar de  todo quisiste seguir adelante, y consciente de lo que ello suponía ambos albergábamos la esperanza de que todo saliera bien.
Un tímido rayo de luz se filtra tras las cortinas e ilumina su diminuta cara de piel blanca y fina. Y como si sintiera mi mirada abre los ojos. Son tus ojos, cariño. Al mirarla te veo a ti.  Tiene tu mirada y tu sonrisa y nadie puede negar que sea hija tuya.  Las manos y la nariz son como los míos. Prácticamente no llora y cuando le mordisqueas su pequeño cuello balbucea algo incomprensible, y se ríe.
Tengo miedo, de no saber hacer esto. De quedarme estancado en un punto sin saber cómo educar a nuestra hija. Tengo miedo de meter la pata, perderla cuando tenga cinco años y juegue en los columpios o paseemos por un centro comercial. Tengo miedo de que se ponga enferma y no saber que hacer cuando llore y necesite a su mamá.
En el momento en el que te fuiste supe que esto sería muy difícil y que tener que cambiar pañales tan sólo sería el principio. Tengo que interpretar dos papeles en vez de uno. Tengo que ser el padre, y no me sé el guión. Pero además tengo que hacer de madre y comprarle vestidos, aconsejarla cuando crezca, esté en la adolescencia y cuando se haga mayor.
Tengo miedo de no ser suficiente, y sé que ni de lejos lograré jamás hacer todo lo que habrías hecho tú.
Me imagino cómo serían nuestras vacaciones y la estampa al veros juntas contándoos secretos y abrazadas madre e hija.
Soy consciente de que esto no podrá hacerse realidad. De que no conocerá a su madre en esta vida y te añorará.
Por eso le hablaré de ti cada día, le contaré como eras, como pensabas y opinabas. Le relataré cada una de nuestras anécdotas  y nuestra historia como un libro sin punto y final. Le enseñaré todas tus fotos  y contestaré a las preguntas que le surjan, por muy difíciles que sean.
Le enseñaré el lugar donde estás ahora y le prometeré que algún día muy lejano te conocerá. Porque sé que allí estarás esperando, vestida con tu sonrisa que te convierte en la mujer inalcanzable por la que luché y lucho cada día.
Seguiré adelante cueste lo que cueste. Ahora mismo no me crees. Resulto poco convincente con la mirada perdida y las lágrimas asomando en mis ojos, pero lo haré. Esta época de duelo me hará acostumbrarte a no tenerte físicamente, a no poder abrazarte, tocarte y besarte. Pero siempre podré hablarte  y demostrarte que te quiero. Continuaré avanzado por este camino colmado de piedras, por nuestra pequeña, por ti, por mí, por nosotros.
Haré que nuestra hija sea feliz a pesar de las dificultades y la situación.
Y cuando crea que no puedo más, que la caída es demasiado alta, miraré al cielo y a  la luna y te veré a ti.

Y viviré, viviremos. Por nuestra pequeña, por ti, por mi. Por nosotros.

martes, 1 de abril de 2014

Sueños compartidos

Todos cuando somos niños tenemos muy claro lo que queremos ser, durante un mes, claro está.
Empezamos queriendo ser lo que son nuestros padres, después elegimos ser astronautas, superhéroes, príncipes y princesas.
Hasta que nos fijamos en nuestro alrededor y nos llama la atención el periodismo, el magisterio,el derecho y la ingeniería, como es mi caso. Cuando te preguntan siempre contestas con seguridad, pero lo que pocos saben es qué es lo que te ha llevado a tomar esa decisión.
A veces un simple enamoramiento, oíste hablar de él y lo viste claro, supiste que estaba hecho para ti, sin dudar. Otras veces te lanzas al vacío y sin saber una razón exacta sabes que es tu vocación y en otras ocasiones las influencias de tu familia te hacen seguir sus pasos. Sueños de familiares a medias, dispuestos ha ser recogidos del camino y llevados hasta la meta. Deseos de los que más te importan que lucha por conseguir y hacerles feliz. Cueste lo que cueste, con esfuerzo, sudor y lágrimas, pero dispuesto a no rendirte y seguir adelante por mucho que los obstáculos nos dificulten el camino, mirando siempre hacia delante.
Porque hay veces que un deseo de alguien importante en tu vida, te de fuerzas para ser como quieres ser, para hacerle sentirse orgulloso, esté donde esté. Porque cuando uno comparte sus sueños, da pie a que otros sueñen. Porque hay veces que cuando sientes un vacío por dentro, necesitas hacer algo que lo cambie todo que te haga sentir especial. Porque detrás de cada una de nuestras decisiones hay una historia, una razón con una importancia especial para el que lo vive. Porque compartir los sueños es algo unico, y  te proporciona la fuerza que necesitas  para conseguirlos.

martes, 11 de marzo de 2014

Sentimiento en cada movimiento



Trece años bailando, sintiendo la necesidad de desahogarme mediante pasos de baile. Convirtiendo cada movimiento en un sentimiento.
Pocos bailarines consiguen vivir de su gran pasión, es un mundo como muchos otros que no valorado como es debido.
Miro la plaza Castilla, desde mi ventana, mientras saboreo  un café a primera hora de la mañana. Años ahorrando para poder alquilar aquel pequeño apartamento han merecido la pena. Noto como unas grandes manos acarician mis brazos con dulzura y alguien me dice al oído como cada mañana: “hoy lo conseguirás”, me besa en la frente y camina hacia la puerta. Corro hacia él y le doy un último beso antes de que salga por la puerta.
Me recojo el pelo en una larga coleta y cojo mi bolso. Cada día voy con más ganas a las clases. Ganar algo de dinero dando clases de lo que te apasiona ayuda a levantarte cada día con alegría. Doy la clase con una inmensa sonrisa, aconsejando a cada uno de mis alumnos como ejecutar bien un paso y exigiéndoles cada día un poco más, haciéndoles darse cuenta de que pueden superarse.
El timbre suena y después de tres clases seguidas recojo mis cosas.
-Señorita, hay algo que tengo que comentarle.- la directora se acerca a mi con ese aire de elegancia que le caracteriza y arrasa allá  por donde pasa.
-¿Si?
-Hay un nuevo casting. Puede que te interese, aunque las posibilidades son una entre más de un millón.
-¿Enserio? No me importa lo difícil que sea.- abro mucho los ojos y el corazón se me acelera a una velocidad vertiginosa.
-La cantante Beyoncé comenzará su nueva gira dentro de un año. Va a comenzarla sorprendentemente aquí en Madrid. Y quiere dar oportunidad a los españoles de participar en el casting. Por lo que una de las convocatorias será aquí. Tras él una serie de españoles serán escogidos para un último casting en Nueva York donde serán seleccionados por la propia cantante. Los afortunados, deberán mudarse allí durante diez meses para preparar las coreografías y las puestas en escena y pasarán tres meses de gira por  todo el mundo.

No puedo ni respirar ante la idea de conseguirlo. Sería un sueño cumplido, hecho realidad. No dudo si quiera un segundo y pregunto toda la información posible.
Salgo a la calle dispuesta a comerme el mundo. Tengo un mes para prepararme. Me parece poco para algo tan importante, pero sacaré tiempo de donde no lo hay. Llego a casa y tiro las cosas sobre la cama, corro al minúsculo salón y aparto lo más posible los muebles y el sofá. Pienso poner un espejo y convertirlo en mi lugar de ensayo cuando la academia cierre y no tenga donde bailar. Pienso bailar hasta rendirme, sin cansarme y hacer algo innovador que guste y me de una pequeña oportunidad. Los días pasan y compagino como puedo las clases, la universidad y bailo por las noches. De vez en cuando él se levanta, me prepara un café mientras yo sigo bailando. Me acompaña cuando descanso apenas un segundo y me anima a seguir adelante. Aunque a veces me cueste y el cansancio pueda conmigo.
El día del casting llega, y sin poder creérmelo paso al siguiente nivel. Hago las maletas e inmersa en un mundo que pienso que no es el mío, parpadeo y estoy ahí, delante suyo. Delante de la persona que más admiro, apunto de demostrarle como mejor sé que valgo para esto. Bailo sin pensar, dejando que sean los sentimientos los que me guíen, dejando que mis  días de cansancio acumulado merezcan la pena.
La música termina y las lágrimas brotan de mis ojos.
Una oportunidad entre un millón, una persona entre un millón. Pero a veces los sueños se cumplen, porque si crees en ellos con muchísima fuerza,  estás más cerca de hacerlos realidad.