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jueves, 14 de agosto de 2014

A ti…





Te echo de menos, a cada instante. En cada uno de los amaneceres que contemplo despierto, asomado a la ventana. Esperando que al girarme sigas ahí, dormida abrazada a la almohada como hacías siempre.
Echo de menos cada mañana en la que me despertabas con un susurro y un mar de caricias…
Contemplo el despertador por milésima vez, deseando que llegue la hora de levantarme, de tener algo en lo que concentrarme  y mantenerme ocupado. Me levanto descalzo y me arrastro hasta el baño. Prefiero no mirarme siquiera al espejo, tengo miedo de ver una vez más ese vacío tras de mí y no sentirte corriendo de un lado para otro, arreglándote para ir a trabajar. Me lavo la cara y me mojo la nuca intentando dejar la mente en blanco, pero al levantar la vista estoy solo. Bajo mis ojos unas grandes manchas grises me delatan, la falta de horas de sueño es imposible de ocultar.
Salgo del baño y recorro el estrecho pasillo, sigue sin pintar. Te lo prometí, esa misma semana; te dije que lo pintaría como tú querías, color limón. Te recordaba al sol y pensabas que hasta los días más oscuros serían soleados con ese color. Hoy mismo la compraré y cumpliré  mi promesa.
Entro en la habitación, el techo cubierto de estrellas débilmente lo ilumina. Me acerco a la cuna y no puedo evitar recordar la noche en vela que pasé intentando montarla. Desesperado por no entender instrucciones que ni el más genio de los ingenieros comprendería.
Y allí está nuestra pequeña, acurrucada junto a un peluche que abulta más que ella.
 Podría estar horas mirándola, viéndola soñar en su diminuto mundo. Los ojos se me cierran constantemente, pero basta una sola fracción de segundo para pensar las consecuencias de alcanzar el sueño, y abrirlos de nuevo.
El tiempo pasa y por más que me esfuerzo me cuesta un mundo sacarte de mi cabeza, y cuando creo que lo he conseguido me encuentro de nuevo recordándote.
Las palabras del doctor en cada visita médica se agolpan en mi mente: “embarazo de riesgo”, “peligro para el bebé y  para la madre”, todavía al pensarlas noto tu mano apretando la mía y siento el miedo que inundaba tus ojos.
Los primeros meses fueron difíciles y a pesar de  todo quisiste seguir adelante, y consciente de lo que ello suponía ambos albergábamos la esperanza de que todo saliera bien.
Un tímido rayo de luz se filtra tras las cortinas e ilumina su diminuta cara de piel blanca y fina. Y como si sintiera mi mirada abre los ojos. Son tus ojos, cariño. Al mirarla te veo a ti.  Tiene tu mirada y tu sonrisa y nadie puede negar que sea hija tuya.  Las manos y la nariz son como los míos. Prácticamente no llora y cuando le mordisqueas su pequeño cuello balbucea algo incomprensible, y se ríe.
Tengo miedo, de no saber hacer esto. De quedarme estancado en un punto sin saber cómo educar a nuestra hija. Tengo miedo de meter la pata, perderla cuando tenga cinco años y juegue en los columpios o paseemos por un centro comercial. Tengo miedo de que se ponga enferma y no saber que hacer cuando llore y necesite a su mamá.
En el momento en el que te fuiste supe que esto sería muy difícil y que tener que cambiar pañales tan sólo sería el principio. Tengo que interpretar dos papeles en vez de uno. Tengo que ser el padre, y no me sé el guión. Pero además tengo que hacer de madre y comprarle vestidos, aconsejarla cuando crezca, esté en la adolescencia y cuando se haga mayor.
Tengo miedo de no ser suficiente, y sé que ni de lejos lograré jamás hacer todo lo que habrías hecho tú.
Me imagino cómo serían nuestras vacaciones y la estampa al veros juntas contándoos secretos y abrazadas madre e hija.
Soy consciente de que esto no podrá hacerse realidad. De que no conocerá a su madre en esta vida y te añorará.
Por eso le hablaré de ti cada día, le contaré como eras, como pensabas y opinabas. Le relataré cada una de nuestras anécdotas  y nuestra historia como un libro sin punto y final. Le enseñaré todas tus fotos  y contestaré a las preguntas que le surjan, por muy difíciles que sean.
Le enseñaré el lugar donde estás ahora y le prometeré que algún día muy lejano te conocerá. Porque sé que allí estarás esperando, vestida con tu sonrisa que te convierte en la mujer inalcanzable por la que luché y lucho cada día.
Seguiré adelante cueste lo que cueste. Ahora mismo no me crees. Resulto poco convincente con la mirada perdida y las lágrimas asomando en mis ojos, pero lo haré. Esta época de duelo me hará acostumbrarte a no tenerte físicamente, a no poder abrazarte, tocarte y besarte. Pero siempre podré hablarte  y demostrarte que te quiero. Continuaré avanzado por este camino colmado de piedras, por nuestra pequeña, por ti, por mí, por nosotros.
Haré que nuestra hija sea feliz a pesar de las dificultades y la situación.
Y cuando crea que no puedo más, que la caída es demasiado alta, miraré al cielo y a  la luna y te veré a ti.

Y viviré, viviremos. Por nuestra pequeña, por ti, por mi. Por nosotros.

martes, 1 de abril de 2014

Sueños compartidos

Todos cuando somos niños tenemos muy claro lo que queremos ser, durante un mes, claro está.
Empezamos queriendo ser lo que son nuestros padres, después elegimos ser astronautas, superhéroes, príncipes y princesas.
Hasta que nos fijamos en nuestro alrededor y nos llama la atención el periodismo, el magisterio,el derecho y la ingeniería, como es mi caso. Cuando te preguntan siempre contestas con seguridad, pero lo que pocos saben es qué es lo que te ha llevado a tomar esa decisión.
A veces un simple enamoramiento, oíste hablar de él y lo viste claro, supiste que estaba hecho para ti, sin dudar. Otras veces te lanzas al vacío y sin saber una razón exacta sabes que es tu vocación y en otras ocasiones las influencias de tu familia te hacen seguir sus pasos. Sueños de familiares a medias, dispuestos ha ser recogidos del camino y llevados hasta la meta. Deseos de los que más te importan que lucha por conseguir y hacerles feliz. Cueste lo que cueste, con esfuerzo, sudor y lágrimas, pero dispuesto a no rendirte y seguir adelante por mucho que los obstáculos nos dificulten el camino, mirando siempre hacia delante.
Porque hay veces que un deseo de alguien importante en tu vida, te de fuerzas para ser como quieres ser, para hacerle sentirse orgulloso, esté donde esté. Porque cuando uno comparte sus sueños, da pie a que otros sueñen. Porque hay veces que cuando sientes un vacío por dentro, necesitas hacer algo que lo cambie todo que te haga sentir especial. Porque detrás de cada una de nuestras decisiones hay una historia, una razón con una importancia especial para el que lo vive. Porque compartir los sueños es algo unico, y  te proporciona la fuerza que necesitas  para conseguirlos.

martes, 11 de marzo de 2014

Sentimiento en cada movimiento



Trece años bailando, sintiendo la necesidad de desahogarme mediante pasos de baile. Convirtiendo cada movimiento en un sentimiento.
Pocos bailarines consiguen vivir de su gran pasión, es un mundo como muchos otros que no valorado como es debido.
Miro la plaza Castilla, desde mi ventana, mientras saboreo  un café a primera hora de la mañana. Años ahorrando para poder alquilar aquel pequeño apartamento han merecido la pena. Noto como unas grandes manos acarician mis brazos con dulzura y alguien me dice al oído como cada mañana: “hoy lo conseguirás”, me besa en la frente y camina hacia la puerta. Corro hacia él y le doy un último beso antes de que salga por la puerta.
Me recojo el pelo en una larga coleta y cojo mi bolso. Cada día voy con más ganas a las clases. Ganar algo de dinero dando clases de lo que te apasiona ayuda a levantarte cada día con alegría. Doy la clase con una inmensa sonrisa, aconsejando a cada uno de mis alumnos como ejecutar bien un paso y exigiéndoles cada día un poco más, haciéndoles darse cuenta de que pueden superarse.
El timbre suena y después de tres clases seguidas recojo mis cosas.
-Señorita, hay algo que tengo que comentarle.- la directora se acerca a mi con ese aire de elegancia que le caracteriza y arrasa allá  por donde pasa.
-¿Si?
-Hay un nuevo casting. Puede que te interese, aunque las posibilidades son una entre más de un millón.
-¿Enserio? No me importa lo difícil que sea.- abro mucho los ojos y el corazón se me acelera a una velocidad vertiginosa.
-La cantante Beyoncé comenzará su nueva gira dentro de un año. Va a comenzarla sorprendentemente aquí en Madrid. Y quiere dar oportunidad a los españoles de participar en el casting. Por lo que una de las convocatorias será aquí. Tras él una serie de españoles serán escogidos para un último casting en Nueva York donde serán seleccionados por la propia cantante. Los afortunados, deberán mudarse allí durante diez meses para preparar las coreografías y las puestas en escena y pasarán tres meses de gira por  todo el mundo.

No puedo ni respirar ante la idea de conseguirlo. Sería un sueño cumplido, hecho realidad. No dudo si quiera un segundo y pregunto toda la información posible.
Salgo a la calle dispuesta a comerme el mundo. Tengo un mes para prepararme. Me parece poco para algo tan importante, pero sacaré tiempo de donde no lo hay. Llego a casa y tiro las cosas sobre la cama, corro al minúsculo salón y aparto lo más posible los muebles y el sofá. Pienso poner un espejo y convertirlo en mi lugar de ensayo cuando la academia cierre y no tenga donde bailar. Pienso bailar hasta rendirme, sin cansarme y hacer algo innovador que guste y me de una pequeña oportunidad. Los días pasan y compagino como puedo las clases, la universidad y bailo por las noches. De vez en cuando él se levanta, me prepara un café mientras yo sigo bailando. Me acompaña cuando descanso apenas un segundo y me anima a seguir adelante. Aunque a veces me cueste y el cansancio pueda conmigo.
El día del casting llega, y sin poder creérmelo paso al siguiente nivel. Hago las maletas e inmersa en un mundo que pienso que no es el mío, parpadeo y estoy ahí, delante suyo. Delante de la persona que más admiro, apunto de demostrarle como mejor sé que valgo para esto. Bailo sin pensar, dejando que sean los sentimientos los que me guíen, dejando que mis  días de cansancio acumulado merezcan la pena.
La música termina y las lágrimas brotan de mis ojos.
Una oportunidad entre un millón, una persona entre un millón. Pero a veces los sueños se cumplen, porque si crees en ellos con muchísima fuerza,  estás más cerca de hacerlos realidad.

lunes, 10 de marzo de 2014

No hace falta más que lo justo y necesario.



Según el tiempo ha ido pasando, lo que antes me importaba tanto ha dejado de cegarme. He aprendido a no sobrevalorar las cosas y ser realista. Cuando nos planteamos retos olvidamos que tienen que estar a nuestro alcance y nos  defraudamos cuando no somos capaces de llegar a tanto. Deberíamos pararnos a pensar en nosotros mismos y pensar en qué es lo que realmente queremos, sin dejarnos llevar por los estilos de vida ni los prototipos.
Por el camino me tropezado, he intentado conseguir al hombre perfecto con el que todas deseamos. Ese príncipe azul, que te abre la puerta al pasar, te ayuda a sentarte y te regala flores. He intentado alcanzar ese trabajo por el que todos sueñan, y que crea envidia por allá donde pasa. Aunque realmente no era lo que deseaba. He soñado con tener una casa enorme con mil habitaciones que se que no utilizaría. Y he soñado con comprarme ropa que ni siquiera me pondría.
Pero la experiencia me ha enseñado muchas cosas. El príncipe azul no existe. Existe un hombre que dentro de su imperfección se amolda a ti  y te completa. Existe ese hombre perfecto para ti, del cual ves sus defectos como señas de identidad y virtudes. Existe aquel hombre que aunque no te ayude a sentarte, te abraza cuando lo necesitas y te hace sentir especial. Existe ese hombre que corre a última hora agobiado por el poco tiempo del que dispone para llamar a tu puerta en vuestro aniversario y decirte que te quiere y demostrártelo. Porque de poco sirven unas rosas si detrás no hay sentimiento, de poco sirven las palabras si no se transforman en hechos. Porque lo material es algo que pierde valor si no le damos un significado realmente especial.
El trabajo perfecto no existe tampoco, por lo menos uno en concreto. Cada uno tiene ideas distintas y le gustaría ser alguien en la vida que no desearía ser otro. Ser un millonario no significa que seas feliz y en muchas ocasiones es más feliz aquel que vive con lo justo y necesario. Tienes que elegir algo que te llene y luchar por llegar a serlo.
Porque sin darnos cuenta, lo hacemos, nos dejamos llevar tanto por la opinión de otros que olvidamos lo que realmente queremos.
Lo mismo ocurre con las casas, la ropa… Lo poco agrada y lo mucho enfada, y al fin y al cabo ¿para qué quiero cinco habitaciones? ¿Para convertir mi casa en pequeñas casas que no hacen más que aislar a la familia creando distancia?
¿Para que quiero mil prendas de ropa? ¿Para no saber que ponerme y al final ponerme las mismas cuatro prendas de ropa que más me gustan?

Después de comprender todo esto, encontré la felicidad. Tengo un trabajo del que estoy orgullosa e intento esforzarme más cada día. Puede que no sea una actriz reconocida mundialmente pero la gente que me quiere me aprecia y con eso me basta.
Tengo un marido que me proporciona la seguridad que a veces me falta y yo le proporciono a él la positividad cuando la negatividad le nubla. Porque nos complementamos. Tengo un pequeño apartamento en un barrio cualquiera. Pero tampoco necesito más. Es mi hogar y me siento cercana a los que me rodean.
Porque creemos necesitar mucho, pero en realidad no hace falta más que lo justo y necesario.

Sólo una oportunidad.




La mira y pierde la noción del tiempo, es como si se trasladara a lo más profundo de sus ojos marrones. No puede evitarlo.
Sueña con su sonrisa cada vez que cierra los ojos, y siente como su estómago da un vuelco cada vez que se ríe. Ojala fuera la razón de esa increíble sonrisa que ilumina su rostro, ojala fuera él quien la hiciera reír cada día. Puede que a veces lo sea, pero necesita más. No le vale con ser simplemente su amigo, necesita sentir su cercanía, necesita abrazarla cuando algo va mal. Necesita sentir su mirada con un sentido especial.
Pero su relación no va más allá… La quiere tanto, y tiene tantas ganas de avanzar a algo más. Pero cada vez le resulta más complicado, cada vez le resulta más difícil saber lo que ella quiere, cuando da a entender que sí, todo acaba dando un giro de ciento ochenta grados y la confusión lo nubla todo. Pero no piensa rendirse, los deseos están para luchar por conseguirlos, pero ya no sabe que más hacer. Es como si ya lo hubiera probado todo, como si las oportunidades hubieran desaparecido de la faz de la tierra.
Pero tiene que haber algo más, confesarle lo que siente  una vez más y esperar ser correspondido.  ¿Pero cómo? No puede acabar con esa gran amistad que les une, odiaría perderla. Pero la necesidad de hacerlo es tan grande…
Cierra los ojos y comienza a pesar, las palabras comienzan a fluir  y bailar en su interior, sus sentimientos se convierten en letras danzantes de la mano, formando belleza, una belleza exacta a la de ella. Escribe toda la noche, enumerando todo lo que le recuerda a su sonrisa, cada motivo por el que siente  ese temblor en las manos y ese hormigueo recorrerle el cuerpo. Sus dedos recorren el teclado sin si quiera pensar, escribe de día y vela de noche, con temor a que algo se le olvide.
Escribe la última palabra, y firma.

La chica vuelve a casa, sonriente. Su cumpleaños, no siente las orejas, los tirones no han cesado durante todo el día. Entra en su portal y abre el buzón. Hay un sobre, pone su nombre. Pero no existe remitente. Lo abre, es un dossier, le hecha un vistazo rápido y lo cierra. Sube a casa y entra en su cuarto. La curiosidad le puede y comienza a leer…
Las lágrimas corren por sus rosadas mejillas y se sorbe la nariz emocionada. Nadie había hecho algo así por ella. Nadie jamás le había hecho sentir tan especial en poco tiempo, necesita abrazarle ahora mismo, sentirlo cerca. Y comenzar algo nuevo, junto a su lado.

domingo, 9 de marzo de 2014

Enfrentarse a los miedos.



Se mira en el espejo y es como si le faltara algo. Sonríe a su reflejo, a sabiendas de que no es más que una fachada, una forma de protegerse de la vida de acelerada madurez que ha sufrido. Tiene miedo, a que le hagan daño, a defraudar a la gente que realmente aprecia, a hacerles daño a ellos. Tiene miedo a sus sentimientos, a no ser capaz de expresarlos por culpa de las dichosas inseguridades, por esos pasos atrás cada vez que siente que algo bueno se acerca y piensa en lo que pueda pasar después. ¿Y si no funciona? ¿Y si no valgo para esto? ¿Y si no me lo merezco? Se olvida de mirar el presente y no pensar tanto en el futuro. Si, es cierto resulta difícil olvidar un pasado duro, sentir como te falta alguien importante a tu lado a veces. Puede que el pasado no lo pueda cambiar, pero el futuro si está en su mano. Pero para ello tiene que pensar menos en el mañana y centrarse más en el ahora. Vivir la vida, cometer fallos y aprender de ellos. Un gran paso para llegar a la felicidad.
Un pitido le avisa de que tiene un mensaje nuevo, coge el móvil del lavabo y lee. Es él, aquel que le hace sonreír tras la pantalla de su móvil y sentirse especial. Pero ¿y si él no siente lo mismo? ¿Y si lo siente pero le falla? No quiere fallar a  alguien a quien quiere.
Pero siente que si da un paso más, tropezará y no será capaz de levantarse, y lo que más teme es que alguien caiga con ella.
Mira su foto de perfil sin poder evitar una sonrisa, ¿cómo ha conseguido enamorarse de esa manera? ¿Realmente es amor? ¿Merece la pena intentarlo?
Alguien llama al timbre, sale del cuarto de baño y apaga la luz.
Abre la puerta y su amiga le da dos besos.
-¿Qué tal?
Sonríe a su amiga intentado disimular su dudas, ha aprendido a hacerlo desde pequeña.
-¿Seguro?
-Si, ¿por qué lo dices?- parece que no ha funcionado, se hecha a reír en un último intento a la desesperada.
-Dímelo, venga.- su amiga la ha descubierto. Ya no hay vuelta atrás, suspira.
-Tengo dudas no se que hacer, tengo tantas ganas de decir lo que siento. Pero me da miedo que me diga que si. Porque si me dice que si y después la cago ¿qué?
-¿Por qué vas a cagarla? Es una tremenda estupidez, eres increíble y si, es cierto que todos la cagamos a veces pero las cosas se hablan, se arreglan. Y si lo quieres sabrás tratarlo, porque estamos hechos para hacer el bien no el mal, aunque a veces no lo parezca. Vas a llamarlo ahora mismo vas ha hablar con él y confesarle lo que sientes. Porque te mereces tener a alguien que te haga reír cada día, como lo hace él. Necesitas a alguien que te abrace cuando te sientes mal y te haga sentir  especial. A si que coge el móvil y habla con él.
Cierra los ojos y decide hacer caso a su amiga lo que dice es cierto, tiene mucho miedo pero la mejor forma de afrontarlo es haciendo frente a sus miedos. Marca el número es espera.

Dos meses más tarde…

El tiempo pasa y las cosas cambian,  y solo hace falta tiempo, ganas y valor para hacer los  sueños realidad. Pasean por el parque abrazados  bajo el sol del atardecer. La gente pasea en bici, o corre a su alrededor. Los niños juegan a la pelota y ríen felices. Pero ella también, y esta vez de verdad. A veces hay que ser valiente. Enfrentarte a tus miedos y lanzarte, porque la gran parte de las veces, alguien estará ahí, y no necesariamente quien piensas , pero siempre habrá alguien allí, para darte la mano y continuar el camino juntos.

Un sueño Azul





Quela  entra en su cafetería preferida donde ha quedado con sus amigas, esta realmente contenta. Acaba de terminar el último libro de su autor favorito y no puede evitar sonreír al recordar la historia. Pide un café mientras espera a sus amigas.
Mira la hora en su móvil, lo deja sobre la mesa y observa a la gente pasar desde la ventana, un sol radiante inunda las calles aún mojadas por la lluvia del día anterior.
Le llama la atención un hombre con gorra y camisa vaquera que cruza la calle hacía la cafetería en la que se encuentra. ¿A quién le recuerda? Le resulta realmente conocido. Tras el aparecen sus amigas corriendo y saludándola desde la calle, las doce chicas le sacan una sonrisa y entran juntas en el local. Quela mueve su café tras echarle azúcar y  bebe un sorbo antes de levantarse para dar dos besos a sus amigas.
-¿Has visto quién ha entrado delante nuestro?
-¿Quién?- la chica se asoma tras el cuerpo de una de de ellas y contempla al hombre de la gorra sacar su portátil de la mochila y cae en la cuenta- Es ¡Blue Jeans!- Grita su nombre silenciado  suavemente por sus amigas que le tapan rápidamente la boca.
-¡Shh, no hace falta que grites!
-Pero es que  tengo su libro en la mochila, quiero que me lo firme.
-Pero si tienes sus otros libros firmados. Tampoco  es plan de agobiarle. Es discreto y está tan tranquilo ahí sentado.
-Ya pero es que…
-No, ahora no. Además está con su portátil. Puede que esté escribiendo.
El camarero llega a la mesa de las chicas y toma nota ajeno al tema de conversación de las jóvenes.
-Vale bueno, lo dejamos. Pero porque ya tengo otros libros firmados, que sino…
-Muy bien.-su amiga le da un beso en la mejilla y saca su móvil distraída.
Entra en la cuenta de Twitter que tienen todas juntas y comienza a leer.
El camarero vuelve y deja los refrescos de las chicas y la cuenta.
-Chicas, escuchad. Va a conocer hoy a Shakira.
-¿Quién?
La chica levanta la cabeza hacia la mesa en la que el hombre sigue escribiendo en su portátil y todas abren la boca a la vez.
-¿Cómo lo sabes?
-Lo pone aquí, mirad.-Acerca el móvil a sus amigas y todas leen en silencio.
-Chicas, quiero conocerla. Por lo menos verla de cerca. ¿No os gustaría?- Quela sonríe ante la idea.
-Si, pero eso es prácticamente imposible y lo sabes.
-Lo se.- la chica agacha la cabeza y vuelve a beber de su café.
-Una cosa, dice que hoy va a conocerla. ¿Y si la va a conocer después? Son las seis de la tarde, podríamos esperar a que se vaya, a ver a donde va.
-¿Propones que le espiemos?-dicen todas al unísono.
-Bueno, no exactamente, solo que andemos tras él a una distancia segura, para ver si a donde se dirige es donde está Shakira. En algún momento tendrá que salir de allí y podremos verla.
Todas se miran perplejas ante la idea de su amiga. ¿Por qué no? ¿Qué tienen que perder?
Quela se entusiasma y comienza a sentir un tremendo hormigueo en su estómago. Como la vea de lejos correrá a hacerse una foto lo tiene muy claro, siempre ha soñado con conocerla y si además su escritor favorito esta cerca, todavía mejor.
De repente el hombre se levanta y comienza a recoger sus cosas.
Al percatarse de ello todas comienzan a beber apresuradas y sacan de sus monederos el dinero para pagar. Intentan ser discretas, pero más de una se pone nerviosa y actúa torpemente. Esperan a que el escritor pague y salga del local. Deciden dejarle un poco de ventaja y tras verlo cruzar la calle desde la ventana cogen sus cosas y salen corriendo de allí. Cruzan la calle y doblan la esquina.  El hombre camina y mira su reloj. Todas se miran, una mirada de complicidad. Continúan caminando.
El escritor llega  a la puerta de un gran hotel y saluda al botones. Entra y las chicas esperan fuera.
-¿Y ahora qué?
-No lo sé, supongo que esperar ¿no?
-Supongo.- Las chicas se aproximan un poco más curiosas y esperan ansiosas.

El escritor se sienta en un cómodo sofá de terciopelo cercano a la puerta, sonríe al ver a las chicas que llevan persiguiéndoles a lo largo de la tarde. Le suenan bastante, seguro que las ha visto antes, se habrá hecho una foto con ellas y les habrá firmado alguno de sus libros. Pero resulta complicado acordarse de cada cara sonriente que le saluda y le pide un autógrafo. Es muy gratificante, sentir el gran apoyo de sus fans.
Las chicas siguen mirando de vez en cuando hacia las puertas del hotel, pero no pueden verle.
Saben a quien está esperando, habrán visto su última publicación. Y serán fans de la cantante. Pero lo que ellas no saben es que la cantante no entrará por la misma puerta que él, como motivo de discreción. Las ve sentadas en un banco nerviosas y no puede evitar pensar como ayudarlas a conocer a la cantante de pelo rubio que está a punto de presentarse.
El escritor se acerca al mostrador del hotel y pregunta sobre la hora a la que tienen previsto que llegue la cantante. No tardará.
Corre fuera del hotel casi sin pensar y se acerca a las chicas.
Las trece jóvenes abren mucho los ojos estupefactas, está ahí delante suyo…
-Hola chicas, supongo que ya me conocéis.- todas asienten con la boca abierta.-Muy bien, supongo que queréis conocer a Shakira ¿verdad?
Ninguna es capaz de hablar y apenas asienten de nuevo con la cabeza.
-Muy bien, eso es un si. A si que seguirme.- El escritor se quita su gorra, sonriente y entra seguido de sus fans que ahora si murmullan y sonríen a su espalda.

A Quela le tiemblan las manos y las piernas. Va a conocer a Shakira y todo gracias a Blue Jeans ¿Puede pedirse más?  Suben las escaleras agarradas de la mano. Las puertas se abren, y ahí está, una joven de pelo rubio, esperando sonriente.

Al entrar en la cafetería  Quela no pensó en ningún momento lo que podía pasar, jamás se le hubiera pasado por la cabeza algo así. Lo había soñado tantas veces y ahora era un sueño hecho realidad.
¿Y si el sueño por el que luchas cada día se escribera? Y si por un momento pudieras sentir lo que sentirías si cumplieras tu gran sueño? ¿No lucharás más fuerte para conseguirlo?
Yo lucho por mi sueño día a día, asi que ¿por qué no ayudaros con el vuestro? Puede que no sea mucho, pero para mi es muy importante saber lo que uno quiere, plantearse unas metas y trabajar para superarlas. Un relato sobre vuestro gran sueño, en el que os sintaís identificados, puede daros más fuerzas  y esperanzas para cumplirlo.
Espero que os guste la idea.

Para contarme vuestro gran sueño mandarme un correo a esta cuenta www.tuenmundosparalelos@gmail.com