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lunes, 10 de marzo de 2014

No hace falta más que lo justo y necesario.



Según el tiempo ha ido pasando, lo que antes me importaba tanto ha dejado de cegarme. He aprendido a no sobrevalorar las cosas y ser realista. Cuando nos planteamos retos olvidamos que tienen que estar a nuestro alcance y nos  defraudamos cuando no somos capaces de llegar a tanto. Deberíamos pararnos a pensar en nosotros mismos y pensar en qué es lo que realmente queremos, sin dejarnos llevar por los estilos de vida ni los prototipos.
Por el camino me tropezado, he intentado conseguir al hombre perfecto con el que todas deseamos. Ese príncipe azul, que te abre la puerta al pasar, te ayuda a sentarte y te regala flores. He intentado alcanzar ese trabajo por el que todos sueñan, y que crea envidia por allá donde pasa. Aunque realmente no era lo que deseaba. He soñado con tener una casa enorme con mil habitaciones que se que no utilizaría. Y he soñado con comprarme ropa que ni siquiera me pondría.
Pero la experiencia me ha enseñado muchas cosas. El príncipe azul no existe. Existe un hombre que dentro de su imperfección se amolda a ti  y te completa. Existe ese hombre perfecto para ti, del cual ves sus defectos como señas de identidad y virtudes. Existe aquel hombre que aunque no te ayude a sentarte, te abraza cuando lo necesitas y te hace sentir especial. Existe ese hombre que corre a última hora agobiado por el poco tiempo del que dispone para llamar a tu puerta en vuestro aniversario y decirte que te quiere y demostrártelo. Porque de poco sirven unas rosas si detrás no hay sentimiento, de poco sirven las palabras si no se transforman en hechos. Porque lo material es algo que pierde valor si no le damos un significado realmente especial.
El trabajo perfecto no existe tampoco, por lo menos uno en concreto. Cada uno tiene ideas distintas y le gustaría ser alguien en la vida que no desearía ser otro. Ser un millonario no significa que seas feliz y en muchas ocasiones es más feliz aquel que vive con lo justo y necesario. Tienes que elegir algo que te llene y luchar por llegar a serlo.
Porque sin darnos cuenta, lo hacemos, nos dejamos llevar tanto por la opinión de otros que olvidamos lo que realmente queremos.
Lo mismo ocurre con las casas, la ropa… Lo poco agrada y lo mucho enfada, y al fin y al cabo ¿para qué quiero cinco habitaciones? ¿Para convertir mi casa en pequeñas casas que no hacen más que aislar a la familia creando distancia?
¿Para que quiero mil prendas de ropa? ¿Para no saber que ponerme y al final ponerme las mismas cuatro prendas de ropa que más me gustan?

Después de comprender todo esto, encontré la felicidad. Tengo un trabajo del que estoy orgullosa e intento esforzarme más cada día. Puede que no sea una actriz reconocida mundialmente pero la gente que me quiere me aprecia y con eso me basta.
Tengo un marido que me proporciona la seguridad que a veces me falta y yo le proporciono a él la positividad cuando la negatividad le nubla. Porque nos complementamos. Tengo un pequeño apartamento en un barrio cualquiera. Pero tampoco necesito más. Es mi hogar y me siento cercana a los que me rodean.
Porque creemos necesitar mucho, pero en realidad no hace falta más que lo justo y necesario.

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