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lunes, 10 de marzo de 2014

Sólo una oportunidad.




La mira y pierde la noción del tiempo, es como si se trasladara a lo más profundo de sus ojos marrones. No puede evitarlo.
Sueña con su sonrisa cada vez que cierra los ojos, y siente como su estómago da un vuelco cada vez que se ríe. Ojala fuera la razón de esa increíble sonrisa que ilumina su rostro, ojala fuera él quien la hiciera reír cada día. Puede que a veces lo sea, pero necesita más. No le vale con ser simplemente su amigo, necesita sentir su cercanía, necesita abrazarla cuando algo va mal. Necesita sentir su mirada con un sentido especial.
Pero su relación no va más allá… La quiere tanto, y tiene tantas ganas de avanzar a algo más. Pero cada vez le resulta más complicado, cada vez le resulta más difícil saber lo que ella quiere, cuando da a entender que sí, todo acaba dando un giro de ciento ochenta grados y la confusión lo nubla todo. Pero no piensa rendirse, los deseos están para luchar por conseguirlos, pero ya no sabe que más hacer. Es como si ya lo hubiera probado todo, como si las oportunidades hubieran desaparecido de la faz de la tierra.
Pero tiene que haber algo más, confesarle lo que siente  una vez más y esperar ser correspondido.  ¿Pero cómo? No puede acabar con esa gran amistad que les une, odiaría perderla. Pero la necesidad de hacerlo es tan grande…
Cierra los ojos y comienza a pesar, las palabras comienzan a fluir  y bailar en su interior, sus sentimientos se convierten en letras danzantes de la mano, formando belleza, una belleza exacta a la de ella. Escribe toda la noche, enumerando todo lo que le recuerda a su sonrisa, cada motivo por el que siente  ese temblor en las manos y ese hormigueo recorrerle el cuerpo. Sus dedos recorren el teclado sin si quiera pensar, escribe de día y vela de noche, con temor a que algo se le olvide.
Escribe la última palabra, y firma.

La chica vuelve a casa, sonriente. Su cumpleaños, no siente las orejas, los tirones no han cesado durante todo el día. Entra en su portal y abre el buzón. Hay un sobre, pone su nombre. Pero no existe remitente. Lo abre, es un dossier, le hecha un vistazo rápido y lo cierra. Sube a casa y entra en su cuarto. La curiosidad le puede y comienza a leer…
Las lágrimas corren por sus rosadas mejillas y se sorbe la nariz emocionada. Nadie había hecho algo así por ella. Nadie jamás le había hecho sentir tan especial en poco tiempo, necesita abrazarle ahora mismo, sentirlo cerca. Y comenzar algo nuevo, junto a su lado.

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