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miércoles, 7 de octubre de 2015

Reír, sonreír, disfrutar y ser feliz.

Hay veces que no nos damos cuenta de que la vida pasa. Nos centramos en cada uno de nuestros problemas tan a fondo, que acaban consumiéndonos poco a poco y para cuando nos damos cuenta de lo que dejamos atrás, sin ni siquiera mirar, acupados con nuestros inacabables e incluso aparentemente irresolubles problemas, es demasiado tarde. 
Lo pensamos, y todos llegamos a la misma conclusión: "es cierto me preocupo demasiado, no vivo la vida disfrutando cada minuto como debiera. Pero... ¿que puedo hacer?, ¡no puedo evitarlo!" . Ese es nuestro gran problema, por encima de todos aquellos que ya hemos asumido como parte de nuestra  vida y que nos "exprimimos" el cerebro para intentar solucionar.
Nos centramos en como encontrar trabajo en un país en crisis, nos centramos en aprobar todo con matrículas, aunque pueda ser un objetivo demasiado exigente; nos centramos en correr todos los días hacia el bus que vemos asomarse por la avenida de la que aún estamos lejos y cuando llegamos y es tarde, nos enfadamos.  Nos centramos en no llegar tarde al trabajo, al colegio, a una comida familiar, ¡a todo! ¡Absolutamente todo!, presos de esa rutina que nos controla constantemente y de la que parecemos no poder deshacernos a pesar de los múltiples intentos de huida.
La sociedad en la que vivimos, nos conduce a todo esto y es cierto que para poder tener una familia no hace falta más que amor, pero para poder mantenerla, hace falta una casa, para tener una casa dinero. Para tener dinero hace falta trabajar y por ello mismo nos desvivimos en solucionar todos los problemas que acarrean el deseo más importante: tener una familia y ser feliz.
Pero si seguimos dándole tantísima importancia a todos esos problemas, solo conseguiremos enfadamos con nosotros mismos, con el mundo y con nuestra familia, y lograremos no ser felices.
Se lo difícil que es, todos lo sabemos, soy totalmente consciente de que aunque lo intentemos no llegamos a deshacernos totalmente de los problemas que nos invaden y que cuando arreglamos unos, surgen otros. Pero hay uno en esencia que tenemos abandonado y que es realmente importante. Los problemas pueden esperar un minuto, una hora, un día. Tendremos que seguir buscando la forma de arreglarlos, pero pueden esperar. Antes, dediquémonos, aunque sea solamente un minuto, una hora, un día para hacer lo que realmente vale la pena, para lo que realmente estamos aquí: para reír, sonreír, disfrutar y ser feliz.

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